miércoles, 29 de abril de 2009

Pols de la claror-poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó

Olatuak-Fotografía: Miren Eukene Lizeaga






Pols de la claror
poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó





Edificar una sola vez un día totalmente claro
Y dejar que en sus múltiples y abiertos aposentos
Cada forma se comporte como quiera.
ROBERTO JUARROZ

Respiren les finestres a la mitja llum del sol. L’aire
Defuig el llenç dels núvols, les hores bellugadisses,
L’ombra de les banderes amb els seus refilets sense ocells,
La llum dels batecs buscant remotes paraules.
Polse la claror entre l’esgarrap de les branques, entre
Les coses que esclaten com pàl·lids colibrís: les ombres
Somriuen colosals en cada mocador plegat a les bosses.
Però la claror sempre s’até al somni: a les mirades
Eriçons de la vida, als cascos de la mort, dels astors
Que pul·lulen entre els cofres dels albellons.
Els segles s’afonen a la fusta, sense vestits, sense bufandes,
Sense massa coses com la molsa del dolor a la sang.

D’un temps ençà mai no restarà la claror absoluta
Amb nosaltres: El món es tornà una superfície de cendra;
I ací només és possible l’anèmia sense medicines.
El resplendor del caos ens fa empassar herbes de metzina,
Transparències de peixos embalsamats sense carnestolendes,
Infants oblidats en bressols de periòdics, exposats al colp
De les voravies i a un arc del cel on la fam contempla
Els badalls invertits dels ulls. El plom filtra
Les placentes, —les municions del llampec al silenci,
Els morts que viuen a força del forcejament de la memòria.
La pluja, aclaparada, travessa les mirades de l’incendi:
Els rius de la consciència en la sola d’ultramar,
On les sabates colpegen la sal de les ones a la cara.

L’univers modula les nits amb flaires.
De penesSobrevisc als cercles bellugadissos de les paraules.
De penesLa llengua llima l’aire de manera irrefutable, pluja cega,
A la vorera dels zeros. Ombres invocades per a abraçar
La claror, lluernes de paper en l’escriptura endurida
Dels somnis viscuts a besllum i contrallum de cada hora
Astellada en aquest ésser-hi i caminar per l’arena ploguda de crosses.
La claror és agònica al palpebreig de les venes: es féu
Així, —taller per a madurar el firmament, estàtua amb ocells
D’insomni, canícula encesa de brufols, alteritat de somnis
En l’albarda del pòl·len, armari de paret sense bijuteries…

Altrament els ulls podrien reconciliar el paisatge:
Per això, abans de res, la claror és un espill, precipici sagnant;
O, tal volta, una porta on s’incineren els minuts…
Sovint pot ser un anyell desafiant les tempes.
O un espantall que deambula entre escapularis rancis.
Encara que la preferesc com un cavall de violes, nítid ocell,
O com una soledat, humida, asseguda, al País
De les meues apòzemes, en aquest
País meu que refaig en cada paraula.
Baratària, 11.IV.2009





Pulso de la claridad



Edificar una sola vez un día totalmente claro
Y dejar que en sus múltiples y abiertos aposentos
Cada forma se comporte como quiera.
ROBERTO JUARROZ



Respiran las ventanas en la medialuz del sol. El aire
Sortea el lienzo de las nubes, las horas movedizas,
La sombra de las banderas con sus trinos sin pájaros,
La luz de los latidos buscando remotas palabras.
Pulso la claridad entre el rasguño de las ramas, entre
Las cosas que estallan como pálidos colibríes: las sombras
Sonríen colosales en cada pañuelo doblado en las bolsas.
Pero la claridad siempre se atiene al sueño: a las miradas
Erizas de la vida, a los cascos de la muerte, de los azores
Que pululan entre los cofres de las alcantarillas.
Los siglos se hunden en la madera, sin vestidos, sin bufandas,
Sin mucha cosas como el musgo del dolor en la sangre.

De un tiempo acá nunca estará la claridad absoluta
Con nosotros: El mundo se volvió una superficie de ceniza;
Y ahí sólo es posible la anemia sin medicamentos.
El esplendor del caos nos hace tragar yerbas de ponzoña,
Transparencias de peces embalsamados sin cuaresma,
Niños olvidados en cunas de periódicos, expuestos al golpe
De las aceras y a un arco iris donde el hambre contempla
Los bostezos invertidos de los ojos. El plomo filtra
Las placentas, —las municiones del relámpago en el silencio,
Los muertos que viven a fuerza del forcejeo de la memoria.
La lluvia, abrumada, atraviesa las miradas del incendio:
Los ríos de la conciencia en la suela de ultramar, donde
Donde los zapatos golpean la sal de las olas en la cara.

El universo modula las noches con sahumerios. Apenas
Sobrevivo en los círculos movedizos de las palabras. Apenas
La lengua lima el aire de manera irrefutable, lluvia ciega,
Al borde de los ceros. Sombras invocadas para abrazar
La claridad, luciérnagas de papel en la escritura endurecida
De los sueños vividos a trasluz y contraluz de cada hora
Astillada en este estar y caminar por la arena llovida de muletas.
La claridad es agónica en el parpadeo de las venas: se hizo
Así, —taller para madurar el firmamento, estatua con pájaros
De insomnio, canícula encendida de búhos, otredad de sueños
En la albarda del polen, alacena sin bisuteríes…

De otro modo los ojos no podrían reconciliar el paisaje:
Por eso, ante todo, la claridad es un espejo, precipicio sangrante;
O, acaso, una puerta donde se incineran los minutos…
A menudo puede ser un cordero desafiando las sienes.
O un espantapájaros que deambula entre escapularios rancios.
Aunque la prefiero como un caballo de alelíes, nítido pájaro,
O como una soledad, húmeda, sentada, en el País
De mis pócimas, en este País mío que rehago en cada palabra.
Barataria, 11.IV.2009


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Querido Cruchaga:

Maestro de las iluminaciones, diríase. Una claridad que podría ser espejo (yo soy el otro); precipicio sangrante para el buscador de límites, sea el suicida; la puerta del tiempo incendiado; el cordero presto al sacrificio; pero esa claridad que se iniciaba en el blanco del bosque para Baudelaire, primero, y Rimbaud, luego (siempre volvemos a los magosd astrales de la más alta Poesía), alcanza no sólo el matiz (nuance, que sólo se adquiere previo el despojamiento, la nudanza) o la agitación de los sentidos sino el hallazgo de la mística panteista devuelta en imágenes: un caballo que vuela, un pegaso de las flores nos transporta con sus sahumerios a la cima del poeta -ésa que se quería el gran Yves Bonnefoy en Hier Regnant Desert, ésa, la sumidad a la que hay que tender, para una vez alcanzada, abandonarla- en donde albriciamos el País, la tierra prometida en la que las palabras adquieren su sentido primigenio y saben a yerbas secretas que traen los poetas, a pócimas con las que transgredir la soledad o comprender a través de ella el Universo:
“Aunque la prefiero [la claridad] como un caballo de alelíes, nítido pájaro,
O como una soledad, húmeda, sentada, en el País
De mis pócimas, en este País mío que rehago en cada palabra.”
Mis respetos.
Pere Bessó





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