sábado, 28 de febrero de 2009

Fuego_André Cruchaga

Fotografía: AC





_____________Fuego________________





Todo fuego en la tierra. Inmenso reloj
Comiendo el albedrío de la tierra.
Todo noche en los balcones del infinito.
—Pájaros de velada certidumbre, horas de sed
Despertando en el cuerpo, ojos invisibles
En la luz que lo borra todo; escalofríos
Sin márgenes en el calendario,
Crecientes piedras sobre las sienes de la memoria.
Aquí los meses en la ruptura de los dientes:
Jinetes sin resurrección, estatuas donde
La soledad acecha: fuegos ciegos de las vendas.
Aquí el ideal caduco de los bastones,
Las puertas apolilladas, la herrumbre en la lengua.
¿Habrá otro tiempo sin fuegos artificiales?
Y ¿Otro Universo menos indiferente?
Esto es como jugar un poco a la niebla
De los barcos, y buscar los puentes de la luna.
Así como se escupe el presente; y el futuro
Sabe —muy a menudo— como limón
En la boca, el fuego se desentraña desde
Las más oscuras telarañas de la conciencia.
Y para colmar la espada de la espera,
Y para vivir en la balanza leve de la hoguera,
Hacemos del crujido un latido de la sangre.
El pasado reaviva nuestros sueños: muerde
El eco tempestuoso, el acecho de su ráfaga.
Muerde el minuto a la hora de la hoguera,
La ceniza no escapa a su mapa de migajas.
Ni las palabras se salvan de morder la mugre.
¿Qué fuego licúa la ganzúa de los pensamientos?
¿Qué cal huraña hace su propia argamasa
Y saja la música en sufrida angustia?
Obra somos del tiempo, quemados hilos en la brasa.
Obra somos del miedo, ocote de asida oscuridad.
Obra somos de la hoguera; y sin embargo, terca
Llama en un país de falsos parabienes.
¿Por qué la lengua en saliva putrefacta
Y las ideas en entumecida gangrena?
Ya hemos caminado bastante, desollados,
Teniendo a la sed por brújula y las campanas
Como el zumo del eructo en su sabido cobertizo.
—Y siempre el fuego, ahí, azahar de la salmuera:
Señuelos en caballos inocentes, espejismos,
Hacia una claridad, donde el respiro,
No tiene cara, sino sudorosas toallas
Como un manuscrito salido de las catacumbas
Del azufre…
Barataria, 28.II.2009

jueves, 26 de febrero de 2009

Destino del hombre-André Cruchaga

Ruinas El tazumal, El Salvador [Fotografía André Cruchaga]






________Destino del hombre_______





Para leer correctamente la etapa histórica en la que nos encontramos,
tenemos que distinguir entre las dinámicas de continuidad y las de ruptura,
entre lo normal y lo excepcional.
Immanuel Wallerstein




“Y de pronto el destino del hombre estaba allí”.
No en aquel lugar de las hecatombes por más
Que se repitan para determinar las hegemonías
Del poder. Los disfraces se han puesto de moda
Y no tienen horario ni sueño: alrededor
Del presente se ahoga el espacio de los pájaros.
Los grandes poderes de la tormenta y la codicia,
Saltan ahora a la vista con sus dibujos macabros.
Ahora toca, brutalmente, la conquista de la paz
Y el arraigo aún entre tantas depredaciones.
Después de todo crecimos sin rostro: sólo
Nos erguimos frente al vendaval lascivo de la historia.

Y de pronto la tierra prometida ha sido un polvorín.

La paz fue borrada por la brama de la guerra,
La seducción del poder y un horizonte poco claro.
Ahora tenemos más sombras que la noche misma
En medio de una suerte quemada y tirada a los ríos.
Ahora la obediencia del aire ya no es posible:
Y, aunque falten luces y luciérnagas, al menos
Inventamos otros espejos en la colmena…
Al menos el sollozo sabemos de dónde viene,
Al menos sabemos que en la cotidianeidad no habrá
Pan y que el azúcar es un naipe del destino.
En la invención de la historia murmuran los fantasmas:
La tensión recurrente entre naciones hace
Del destino un armario de fósforos y voraz vigilia.

Y de pronto ni en los vitrales se atisba un Paraíso.

Las hegemonías ahora se vislumbran colectivas.
Mientras las conspiraciones las va desvelando
La conciencia en su goteo de vértigo y sonambulismo.
¿Qué queda después de un siglo de xenofobias?
¿Qué nos queda después de la crisis mundial
Y los desastres, dónde desembocará este declive
De antiguos pétalos humanos? Nadie lo sabe cuando
Lo humano es más parecido a una llama y la sola
Perplejidad rompe las venas de cualquier ficción
Contenida en los relojes del aliento.
¿Qué promesa dejará de ser eso y convierta la palabra
En regazo del aleteo, en vuelo concreto, respirable?

Y de pronto el destino de todos ha cambiado.

Los hilos de la transparencia tienen otros sigilos.
Digamos que en este oleaje, dejamos de ser señuelos
Para convertirnos en una campana puntual
De cristales.
Digamos que la intuición puede conducirnos
—Frente a la gravedad del galope—, al destino del jade.
Barataria, 21.II.2009


domingo, 22 de febrero de 2009

André Cruchaga, El Salvador

__________Lava___________




“…y donde termina nuestro laberinto”
Corroído por la sal del tiempo, está
La breña seca de manos inciertas.
—En realidad nada termina, sólo acontece
La progresión de los espejos en la memoria.
Sube a nosotros la intemperie y la diáspora
Líquida de los claustros en los que estuvimos
Viendo la aleatoriedad de los parques;
Cada templo se hizo hilera de monedas:
Uno y otro heridos por la mendicidad
De sueños estacionarios, claustros de insomnio.
Cada vez lo humano se entiende menos:
El credo se vuelca a los mercados.
Saltamos de un calendario a otro en la misma
Travesía que lo hace el dolor de estar vivos;
Hurgamos en el altar de los santos y no hay
Ángeles en el duelo, ni en el agobio Íntimo
De la eucaristía: desde las calles se descubre
Un universo de cruces —nosotros, a ratos,
Somos esa cruz, el vacío que acompaña
Siempre a lo inédito, o el escombro de algo
Que no ha podido reconciliar cada latido.
Nunca en la espesura de la lava entendimos
El halo que ahora nos mantiene descalzos
Y en desnuda verdad como la oscuridad
Del musgo. Nosotros no inventamos tanta
Atrocidad, ni la brújula de las rendijas para
Respirar, ni las ventanas para ver el paisaje,
Pero estamos aquí, en la sed del azar,
Queriendo explicar el perfume de las cábalas.

No sabemos ya, dónde termina nuestro laberinto.

Dejamos cada pálpito en universos irreales.
O el mundo se nos volvió irreal para nuestros
Argumentos. Ahora el inconciente se revela
En heréticas telarañas, en la inclemencia
De la hojarasca o en las manos gastadas de los años.
Alrededor de la almohada, los imposibles,
Hacia dentro como un río de paradojas, mientras
Todo, afuera de la conciencia, con pasos corrosivos
Se abre a un tránsito sin alacenas benéficas.

No sabemos ya, dónde termina nuestro laberinto.

Y sin embargo, esperamos el consuelo de mañana:
Los días donde nuestros ojos vean el arco iris,
Y las raíz íntima del rumbo —tuya y mía— nos
Permita respirar en el jardín del alba…
Barataria, 22.II.2009


viernes, 20 de febrero de 2009

La bestia en llamas-André Cruchaga

Ilustración tomada de Fullfondos





______La bestia en llamas______




Cementerios pétreos vegetan en las carnicerías
De la noche —entre ellos un mundo indeseable.
Pastos gastados, excepto la brizna de ciertas
Municiones en el espejo, frente a la fiebre o al
Espejismo de tanta proximidad siniestra…
Los insectos duermen el horror de las criptas,
Los sueños contados de uno en uno con los dedos,
Las heridas que no curan centímetros de muletas,
El reino de este mundo en siluetas expandido.
El papel no alcanza para tanta caligrafía
En desuso, ni se pueden hacer confetis,
Ni barquitos para vaciar en sus aleros toda
El agua de los mares, las cantinas o el sollozo.
Para qué vivirse entre ciertas funerarias:
Las grandes Bolsas de Valores y sus efectos
Obscenos, el sol negro de las inmobiliarias,
Madoff o Stanford, hundida sal en la metrópoli
Del planeta. La luz es triste sin jardines.
O los jardines desfallecen entre aguas oscuras:
—el tiempo se enciende con la nitroglicerina
De los lirios aparcados en los cementerios:
—ahora, desde luego, ciudades fortificadas,
Amuralladas otra vez, enloquecidas,
Por el vértigo de las estaciones. El amor
Será condenado a vivir entre túneles y cloacas.
¿Quién inventa otro mundo fuera del sistema
Financiero mundial? Hombre y mujer se pierden
En kilómetros de llanto, en la noche de dolor:
—pizarra donde Nasdaq, NYSEC, escriben
Sus estados financieros y convierten en maligno
El hartazgo, la gula y la avaricia…
Huelen a ceniza las cartas de los esperanzadores;
Caen las remesas como la hojarasca
O los pájaros muertos en esos incendios
De Los Ángeles o Australia. Vitrales sin arco iris,
Frente a la hierba sin colores del horizonte.
La fealdad eleva su figura en diapositivas
Convertida en lluvia; las sienes tienen astros
Lacerados a causa de un cielo irreal en los oídos.
¿Quién ofrece peinetas y diademas y brillantina
Para darle un retoque menos artificial
A este mundo vestido de especulaciones?
¿Quién dejará de construir relojes coléricos?
¿Quién aislará los cementerios de los sabuesos?
¿Quién dejará de tiranizar a los sordomudos
En la lengua colgante del Libre Mercado?
Aquí con vos me doy cuenta que poco vale
El alfabeto entre el dócil suspiro del que vive
Muere a pausas en la zozobra de Dios.
¿Quién dona una lectura de los Evangelios
O de la Cartas de Pablo a los francotiradores
Que hacen de la violencia un bosque de deseos?
También los niños preguntan, en el llanto,
Cuando vomitan la leche rancia de esta pesadilla
Que baja a los sueños como un carbón de pecados.
También ellos, aquí, en este santuario de la noche.
Barataria, 20.II.2009

domingo, 15 de febrero de 2009

Ríos-André Cruchaga

Vista aérea del Río Lempa, San Vicente - Usulután [El Diario de Hoy]




_____________Ríos______________





“¿Es el río un camino o sólo el vertedero
donde acaban los ojos…?”
ÁLVARO POMBO



“¿Es el río un camino o sólo el vertedero
donde acaban los ojos…?” —Y el desvelo.
¿Es el río una transparencia
O sólo un oasis de la sed en la mirada?
¿Es el río un secreto en sí mismo
O sólo el sueño donde se derraman los besos?
¿Es el río una conciencia
O sólo una voz que riega el vacío? —Y el aliento.
¿Es el río un eco
O sólo el susurro dilatado de suspiros?
¿Es el río un llanto
O sólo otra forma que tiene el invierno?
En la tierra, sangre de las venas; perplejidad
Silvestre en los ojos:
Sangre inmemorial de los antepasados,
Donde el tiempo aspira las puertas del tiempo.
En las orillas susurra el vitral del día
Con todos los símbolos descalzos de la sed.
El agua se vuelve un camino recurrente
Para la conciencia: la palabra limpia
La sangre visible sin invocar candiles de desvelo.
Ahora hay huellas de ellos en la hondura
Del latido: —tierra o lluvia de la ráfaga
Donde se perdió la gracia de humedecer el aire.
Sangre derramada sin compensación:
Chirriantes piedras lanzan un aliento sin
Fertilidad, camino de hojarasca, sin trenes,
Sin vitrales en la diaria pupila del ojo.
Entre orilla y orilla un hangar de almohadas
Siniestras —escombros ya de sosegado
Respiro, pozo donde seguramente no saldrá
Ya la aurora, ni los pájaros podrán abrigar
El trayecto estacionario de su propio vuelo.

“¿Es el río un camino o sólo el vertedero
donde acaban los ojos…?” O el juego aleatorio
Del cisma que se postula en beatífica
Oscuridad. La intemperie al final de la diáspora,
La página maltrecha donde no se mira
La caligrafía, el claustro borrado del respiro.
Día a día tiestos de sal en la herrumbre
Y telarañas progresivas en la memoria.
Caminos sin idioma, o un desagüe urgido
De recicladas alas. Hora breve para un tránsito
De pájaros. Hora del polen sin un agujero
De hospitalidad. Voz de los ríos en el sigilo
De los fósforos, voz del yo en la fragilidad
Húmeda de los pañuelos, en la estampa
De los armarios…

“¿Es el río un camino o sólo el vertedero
donde acaban los ojos…?” O el escombro
Sacudiendo los pómulos; y acaso, la palabra
Que perdió su proverbial aceite
De enredadera…
Ríos hoy, con piedras hasta el cuello: duelo
Que invalida toda fantasía,
Duelo, al fin, donde las alas no se reconocen,
Ni los latidos despiertan ungidos de audacia,
Ni las arterias reverberan en su esencia…

“¿Es el río un camino o sólo el vertedero
donde acaban los ojos…?” Usted responda…
Barataria, 15.II.2009