miércoles, 21 de mayo de 2008

Cementerio:Poema en español y griego

Lia Karavia, Grecia










Cementerio







Aquí germina, en calma, el olvido…
Rainer María Rilke




La tierra es blanda para que en ella
Resbalen los féretros y el césped mude de aires.
En las noches musitan las sombras,
Vuelan, insinúan fugitivas lunas.
Frente a ese canto de despedida hiriendo la garganta,
Me quedo sin palabras, hundido en mi sangre.
Frente a cada nicho helado, faltan las palabras;
Frente a cada cruz o imaginero,
Viene aquella infancia de noches, el candil oscuro,
El aire coagulado entre las nubes de los cirios.
Por eso los cementerios trastornan mis sentidos:
Esa presencia invisible, huidiza, lengua apagada,
Deshace mi aliento, pese a que es mi destino.
© André Cruchaga
El Salvador, 31102004
Del libro: Oscuridad sin fecha.

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Traducción al griego: Lia Karavia.
Leer más de este poeta, escritora y traductora en: www.artepoetica.net



viernes, 2 de mayo de 2008

Entre los sueños, la noche del planeta_André Cruchaga

Ilustración: Fernand Léger.







Entre los sueños, la noche del planeta





Es extraño dormir con los ojos abiertos y no saberse
Parte de este mundo ni albergar un pan en el abismo
De la medianoche, en las calles con los zaguanes cerrados,
En el misterioso cuerpo de uno mismo que se torna fantasma.
Uno deambula a través de transparencias inusitadas:
Relojes inquietantes crispan las sienes por ese camino
Donde los gallos surgen a destiempo bebiéndose el rocío.
El pecho ha cambiado sus sueños por recuerdos. Otra
Puerta sonríe desde el umbral sonoro de los pájaros;
Otros escaparates hay en los estantes del cielo con ventanas
De gratuito viento, con nombre para cambiar el lenguaje
De los meses y la hoja caída junto a la piedra…

En realidad todo es extraño cuando el cuerpo reposa.
Pero también cuando se sienten encima tres mil años,
De olvido y líquida gangrena en la sangre. El aliento zumba
Igual que un pájaro negro en el lecho, igual que un estante
Sin párpados destinado al vaivén de los martillos.
Vivir es siempre gastar los zapatos entre banderas
De mohosa ralea: nada es diferente a la madera usada para
Féretros, nada es diferente a la mesa sin comida y muchos
Comensales hambrientos de luciérnagas en la almohada.
Después de todo, al pie del lecho está la tierra misma
Esperando, nada más esperando por esta hambruna que nos viene
Galopante, sin brida, omnipotente, con orgullo de azadón.

Durante la noche veo pasar barcos y ferrocarriles y azacuanes.
Al despertar estoy en el mismo sitio con el hollín del tiempo
Transcurrido en mi rostro como un tabanco de silenciosos
Adoquines por donde ha pasado el humo despiadado de las sombras.
Vivir es también, fundirse con estas Gracias: formas sin cifra
En su propio eco, pastos de agotados rebaños, cortinas
De gigante espuma, furtivas páginas que no escribe el horizonte
En los muros que muerden las ventanas…
Vivir, es también, contener a ratos los arrecifes del sollozo:
La trenza del viento en su peligrosa garganta, la sal de la tempestad
Cuando aparece como un mantel líquido en los labios.
Entre callejones de sorda trementina transcurren los días:
No hay flores ni violines ni un gastado blues de taberna
Que ronque junto a los lóbulos de este fin incierto del hambre,
Sólo rostros con la desnuda babel del alfabeto en sandalias.
Yo llamo a este mundo, el albañal de los cadáveres.
A fin de cuentas, hacia eso nos lleva el verdugo con frac
Es triste, pero es cierto: sólo se escucha la voz del vejamen
Con su tiesto de vértigo, con su voz de vaporoso cigarrillo.
Es triste, pero es cierto: cada vez el mundo es más trágico
Y confuso. La saliva de la noche oculta la luz, la vuelve ciénaga
Y feroz ración de palpitantes cacerolas…

En los parques los pájaros aprietan las sienes con nostalgia.
También ellos dejaron de adivinar en los sueños gotas de cierzo.
Crece la noche. Crece la gran noche del planeta.
Los pies apenas pueden con un panal de ruiseñores,
Las piernas ya no dan para saltar esta hoguera del eco:
Al parecer, sólo nos queda reír y cruzar los brazos
Como esa obsesa ola de los encajes nupciales…
Barataria, 02.V.2008.
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sábado, 26 de abril de 2008

Avidez del espejismo_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Paisaje de Los Alpes suizos.




Avidez del espejismo



Para Walter Iraheta Nerio.




Un día, la sed soñó un juguete: nació el espejismo.
Andrés Sabella


Jamás fui a ninguna parte y sin embargo la sed,
Se aferró a mí, a bordo de este caminar sediento.
El viento sabe la exactitud de mis palabras: la corola
Del fuego entre la bruma, los límites tangibles de lo eterno y fugaz,
Las leyes del sueño donde Cristo es posible,
Con sus inasibles anzuelos —ánforas, digamos—,
De incesante y secreta tierra y desnudos silencios.
Los ojos enteros enmudecen en la distancia: trópico y nieve
Mientras se estremece la sangre en la lluvia y el temblor del ansia.
La nostalgia tiene un eco de palabras y ramas de fragante
Hierbabuena; espesa es la espuma que la agita, —hálito de sal
Hundiendo su cordaje, en la vaporosa sonrisa del paisaje.
Ninguna soledad ha sido tan fuerte como esta sed de barcas,
Como este cansancio de pájaro sobre una carpa de errantes
Huéspedes: celadores de tardes grises y cohibidas…

Un día, la sed soñó un juguete: nació, ávido, el espejismo.
Nació el ascua de los caminantes buscando en otras tierras la alegría,
Nació el latido del hombre con letras infinitas, con eco de estrellas
Dulces, con el ansia de otra mesa menos oscura…
Un día, atravesamos todas las agujas profundas del peligro;
Se dejó el jade silencioso en espesas noches de neblina,
Se dejó el ala verde del suspiro y el musgo familiar del pecho:
El terror vaciaba los cráneos hasta horadar la orina.

Era la medianoche del pensamiento y el peligro.
Era el peligro haciendo frágil la vida, era el suelo en el corcel
De la muerte, eran las diademas del exterminio vaciando los ojos.
Era la muerte en el lecho: oscura habitación de los rostros,
Entre los raídos espejos del horizonte. Era el lecho del cieno.
Sombras de hierro hacían sonar tambores de viento.
Todavía escucho el sonido confuso del llanto, el grito de histeria,
Y la sangre abriendo los huesos sobre las aceras.
La hora para reír aún está de espaldas. Aún la amenaza dispara
Ojos de espanto y absurdas raciones de niebla.
Aún la muerte nos acaricia las manos con su semblante demacrado,
Frágil es la luz que nos viene del alba. La sed fue antes y hoy,
Una necesaria linterna para salir de los ojos del miedo.
¿Qué lugar nos ampara sin que nos coma la noche?
¿Qué hilo nos une sin el dolor del desastre colectivo?
A veces la inmensidad del vejamen llega hasta la locura:
Uno se niega a sí mismo, dejando atrás los espectros,
El peligro, los ecos de las casas derruidas, la propia danza
De las piedras que infatigables socavan la vida.

Un día, fue tanta la amenaza y el peligro y el abismo,
Que el espejismo de las velas, se tornó en suculenta guarida
O, al menos, en un posible arado donde la vida
Tuviera razón de crisantemo y asombro, y no lengua de infierno,
Ni tejado de cementerio…
Barataria, 26. IV.2008.
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jueves, 24 de abril de 2008

Poema en bicicleta_André Cruchaga

Poema en bicicleta





Se abre el horizonte de las carreteras
Sobre el manubrio las palabras declara su herejía.
Del neumático de las ruedas se va extendiendo
La lengua del asfalto, las lágrimas, la tinta
Desfalleciendo sobre el papel de los sueños…

En la tarde, agonía de los ojos entrando en los huesos
De los recuerdos: Pasajeros, viajes de ir y venir.
En este planeta a muchos se les niega el pan. A muchos.
Se niega la magia de las palabras fermentadas en un libro
El abrazo, la sonrisa, la magia de soñar…
Las heridas lamen nuestras heridas ancestrales:
Migajas del banquete, abejas apolilladas, siños bajo la tierra
Entre clavos y madera, casas sin puertas, sin ventanas
Sin bisagras, bostezando la historia
con el serrucho enmohecido de los dientes.
La pobreza anda con ese dolor insistente:
Martillazos de tristeza desvistiendo estrellas tan lejanas
Como el azul de la fantasía
Que a la luna guarda en zapatos de espuma…
Barataria, Septiembre 7 de 2003.
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Horas agitadas_André Cruchaga

Horas agitadas




Hay horas desordenadas agitando puñales.
Agujas en el aire, lunas líquidas
Tendidas en la piel. Balcones como tumbas hambrientas,
Cierzo de la lluvia removido por los ojos,
Meses parecidos a los ojos de las rejas,
Sueños donde el tiempo no cabe en ti ni en mí,
Porque ya traspasamos la cabalística de los círculos.
A estas horas, donde todos los pájaros son cuervos,
Nos toca morir en un país de gritos,
Chorrear silencio sobre persianas de libélulas,
O interpretar con una sonrisa ciertos atardeceres.
Después de todo, las horas nos llevan al abismo,
Las pupilas pierden su abanico de cometa.
Tiempo de confusión “no sentir el peso de los años”.*
Es hora de partir con el sudor a cuestas
Y saber que el tiempo nos habita
Con un deseo interminable de nostalgias.
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