miércoles, 11 de febrero de 2026

VOS, ENTRE MULTITUDES .

 

Imagen tomada de Pinterest


VOS, ENTRE MULTITUDES

 

Construimos pájaros y soledades. Todo el rumor

del mar se calla. Y en los caracoles

guardamos a Peter Pan. La dorada flauta

que un día nos hundirá en el mar.

ÍTALO LÓPEZ VALLECILLOS

 

Vos, entre multitudes desconocidas. Tráfico. Espejos.

Amaneceres inciertos con noches sin ruiseñores.

Estrellas impías por descubrir bajo la lluvia.

Asfaltos como la propia entraña forjada sobre llagas.

Lluvia sin fin rompiendo las ventanas. Espuma. Neblina.

Te me pierdes en lugares que no conozco:

escaleras inevitables colgadas de los aleros.

Persianas de dudosa claridad con panfletos de histeria.

Manifiestos de transitorias acuarelas.

Sueños invisibles entre zapatos torturados.

 

De nuevo, como vos, muerto al borde del acantilado. Escarcha.

Subterráneos. Ciudades perdidas sobre tardes anochecidas,

y rostros que se ocultan con abrigos de desesperados disfraces.

Ya sabes, la cara nublada por muchas razones

y nombres de calles que asfixian.

Como vos, llora el absurdo de una armónica en Nueva Orleans.

En el arcoíris negro de Savannah,

Los labios secos por el frío en los aparcaderos de Des Moines

en los símbolos de Otoño, Tracy, Briston, Aurora,

ciudades también descubiertas en mi desnudez.

Como vos, el paraguas cerrado de la lluvia más allá del azar:

el violento papiro de los peces envueltos en sangre,

la madera de Redwood City podrida de los balcones.

La polilla como un muro de granito atesorando baba.

El kerosene abandonado en los aparcaderos de la angustia.

El mediodía en el asfalto calamitoso de la soledad.

Habitamos el atardecer oscuro de los periódicos:

a veces sin pupilas y sin huellas digitales atenazamos el pecho.

A veces hoja leve el labio que cae junto al aliento amargo

de astillas, sobre el agua hendida de las palabras.

 

Como vos, también pregunto por el hangar del zodíaco:

desnudo, incierto como una mesa irreparable en un camping,

vacío hasta el quejido del aliento, como vos, fiebre espectral,

convulso y oscuro envuelto en bares de pecado.

Entre la multitud nos volvemos sombríos, impúdicos

como muchas aceras que nadie mira ni siquiera de reojo,

—pañuelos de arrugado color, exasperan la ternura

con sus yerros, lejos del propio pájaro que vive en nosotros.

En medio de calles que no entiendo su nomenclatura, vos,

los zapatos hundidos en el círculo de la ciudad, el subway

del carraspeo, los rieles desbocados de la noche.

 

Como vos, mis manos mudas y transcurridas, urgente, aturdido.

El ojo arrojado a los ecos del tráfico, sin la túnica del párpado.

Los pies gastados, mientras amanece al otro lado del mundo.

Los sueños tetelques, de arrepentimiento, de los focos

disgregados a lo largo de la hilera de la lluvia y los recuerdos.

Como vos, golpeo los cristales y las ingles, miro los trenes

que parten, como vos, nada es cierto, aunque grite.

Y me detenga en una estación de autobuses para dormir.

Como vos, niña, huyo de las horas porque no te encuentro,

no te encuentro,

no te encuentro.

 

Nada nos falta ya, cuando estamos al borde de la locura:

nada nos acerca entre peñascos y breña, cuando el cuerpo

solo fabula detrás de ventanas: nada nos devuelve la llama

de la tortilla: somos hijos del vejamen

en las afueras de un  McDonald's tiritando de frío.

Somos el ojo descuajado de tantas promesas incumplidas.

El camino de espinas que lucha contra el sueño.

Como vos, la sal en las banderas de la sonrisa, el vientre

quemado y la zozobra que arde en su sed.

(Somos cadáveres ruidosamente extraños como oscuras

felaciones alrededor del papel mugriento de las verjas).

 

Como vos, la piedra estalla en su límite. Nos muerde el último

féretro de lo inhóspito, confuso de boticas y tormentas

 

Como vos, la noche perenne de nuestros funerales.

Como vos, el grito acumulado en el pecho, extrañas mercancías

donde habita el lobo.


Del libro: «Posesión del fantasma», 2010
©André Cruchaga
Imagen Pinterest,

Barataria.


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